César Hildebrandt: «Lo lamentable es cuando los programas periodísticos dan risa»

En momentos en los que se debate el contenido que ofrecen los principales canales de televisión, así como también la «farandulización» de los programas políticos, me parece interesante destacar esta entrevista que Eduardo Lavado le hizo a César Hildebrandt el 3 de noviembre del 1994 en TV+ de «El Comercio». Son más de diez años, pero parece que la entrevista la hubiera dado ayer.

En distintas entrevistas que ha concedido desde su llegada, Ud. ha tenido palabras muy duras contra los programas políticos de TV, ¿qué está fallando?
Creo que hay una propensión creciente a convertir los programas políticos en programas de entretenimiento periodístico. El sustitutir el análisis, el debate, por una fórmula distractiva que de algún modo divierta, entretenga y haga olvidar otras cosas, es un ejercicio totalmente legítimo, siempre y cuando haya una voluntad de transparencia, que se asuma que realmente es eso lo que están haciendo.

Sin embargo cuando a través de esta revista criticamos a programas que manejan esta fórmula y se siguen considerando serios, nos responden con el argumento de que sus programas son efectivos porque tienen rating. ¿Qué tan necesario es el rating?
El rating es, evidentemente, una dictadura. Mide el éxito cuantitativo de los programas, pero no mide ni la influencia ni la visión «educadora» que pueda tener la TV. Por eso es que aquí no hay programas culturales. El rating es una referencia comercial muy importante ya que la TV es también una industria. Pero convertir al rating en la única referencia válida para establecer una progración me parece un profundo error en un país que, además, necesita la televisión como espejo y como ayuda para formación e información del público.

¿Es la TV un espejo de lo que está pasando o ella misma construye su propia realidad?
En este momento la TV es un espejo cóncavo, como los de esas salas de espejos deformantes. Son muy deliciosos como diversión, pero al final de cuentas uno no sabe qué es la realidad.

Ultimamente somos testigos de coberturas sui generis, como en el caso de las violaciones. ¿A qué cree que responde esto?
Privilegiar manera sistemática y sospechosamente uniforme las noticias de sucesos policiales no es un gran favor que se le haga a la TV. Introducir el reality show de manera brutal, como protagonista, francamente es un acto de prestidigitación que merece una explicación, y es el atajo más fácil para llegar al espectador, mover los resortes más primarios de su sensibilidad. La TV tiene que abatir la dictadura del rating. Hay que convivir con él pero no ser su esclavo.

Han habido propuestas netamente políticas (tradicionales si prefiere) como la Alfredo Barnechea, que fracasaron. Quizás esos programas, e incluso el formato que tuvo su último programa, En Persona, ya no funcionen en nuestro medio.
No creo en eso. El programa político caricaturizado, borroso, errático y plagado de otros contenidos probablemente tenga un éxito distinto, pero el programa político es una necesidad. Lo que se está ensayando una fórmula que nos haga olvidar que la política es, sobretodo, discusión y duda. En los programas se están vendiendo certezas más o menos inamovibles, donde el debate es innecesario y aburrido. Antes había libertad para investigar, había vocación para investigar, denunciar.

¿Todo eso se ha perdido hoy?
Creo que hoy lo que está operando más que la censura, que no existe según me dicen, es la autocensura, que es la fórmula sofisticada, moderna de la censura. No hay necesidad de reprimir ni presionar a nadie, sino más bien de crear un clima en donde el propio productor pueda intuir cuáles son los límites de su accionar. Cuando la autocensura está impregnada, lo que produce son contenidos muy homogéneos. Eso es lo que están viendo muchos espctadores como un síntoma muy sospechoso.

¿Quiere decir que de haber tenido un programa no habría cubierto casos, por ejemplo, como el de Calígula?
Habríamos cubierto el asunto para no pecar de omisión, pero lo habríamos tratado con dignidad, con elipsis, que es la única manera de tratar lo policial de manera elegante, suprimiendo lo explícito en la medida de lo posible.

Al parecer, y muy acorde con la realidad del país, los programas políticos se han informalizado.
Es cierto, aunque el bucear en cierta mugre, en ciertas miserias humanas no es una característica del Perú. La prensa amarilla es muy antigua. Pero el televidente se merece un respeto especial. Un formato como ése se mueve entre la sordidez, la conveniencia oportunista de la sintonía y la ligereza. La prensa amarilla nunca profundiza ni investiga, siempre exagera y crea un mundo ficticio.

¿No cree que ahora programas como los de Gisela o los cómicos realizan una función más política que los mismos programas especializados?
Por lo menos esos programas tienen una representación sociológica más cabal. Son más auténticos. Lo lamentable es cuando los programas periodísticos dan risa.

¿Cómo entonces puede revertirse la situación actual de los programas políticos?
Asumiendo su rol. El problema en este país es que los roles están confundidos. Los empresarios de TV no son precisamente broadcasters sino que tienen además otras empresas e intereses, y esto les genera una vulnerabilidad a la hora de las presiones. Es natural, y legítimo, que los gobiernos presionen sobre la TV. Lo que no es natural es que la TV acepte las presiones y homogenice contenidos en nombre de algunas razones de Estado. Todo se arreglará cuando cada quien cumpla su papel. Los periodistas, los empresarios y los gobernantes, quienes deben dedicarse sólo a su función y no a ser merodeadores de los medios. Sólo así podemos llegar a una democracia, un sistema de mutuas tensiones donde hay siempre un empate de poder. Lamentablemente la TV está inmersa en el proyecto de monopolizar el poder, y los programas políticos no son más que el reflejo de esa metástasis de la autoridad del ejecutivo.

¿Qué papel le espera a la TV en la próxima campaña electoral?
La TV es ahora el eje de las campañas políticas y, además, la fábrica de las imágenes públicas, de los iconos, de los paradigmas, de los valores. Esto es cierto aquí y en la Rusia de Yeltsin. Por eso yo espero que cese este esquema por el cual pareciera que los peruanos vamos a las elecciones carentes de alternativas. La TV debe presentar todas las alternativas, la de Fujimori y las demás, como lo está haciendo la prensa.

¿Y porque la prensa sí lo hace y la televisión no?
Por la misma razón que el régimen chileno de Pinochet permitió que hubieran periódicos de oposición pero controló la televisión. La TV llega de modo masivo, forma opinión de un modo cuantitativamente indiscriminado. En países como los nuestros, con crisis económica y bajos niveles educativos, la prensa es muy importante e influyente, pero, fatalmente, ha dejado de ser masiva.

Para algunos, el apoyo en cámaras que Ud. le dio en 1990 a Vargas Llosa fue un acto de honestidad política pero para otros fue un error, ¿en esta campaña los periodistas deberían definir su posición o mantener su neutralidad?
Es una buena pregunta sobre todo para alguien que hizo lo que yo hice. Me jugué por algo en lo que creía, perdí y me tuve que ir porque las puertas se me cerraron. Pero lo volvería a hacer. Mucha gente puede reprocharle a un periodista haber perdido su neutralidad, pero no me arepiento ya que los hechos me dieron la razón. Lo feo es cuando no se admite ninguna filiación y sin embargo se hace política de contrabando. Lo riesgoso, lo temerario, es pronunciarse. Eso sí, nunca escamoteamos la verdad ni las críticas a la candidatura con la que simpatizábamos. Las entrevistas a Vargas Llosa nunca tuvieron tono genuflexo ni sumiso.

¿Nos parece o su ánimo no está tan cargado como antes?
Creo que eso es notorio. Mantengo mis puntos de vista, pero he ganado cierto sosiego. Antes yo pontificaba, tenía una imagen iracunda; creo que predicaba con cierta espuma en la boca. Quizás fuera necesario en esa época, pero prefiero esta imagen de sosiego. Incluso estoy dispuesto a reconocer los éxitos de este gobierno sin ninguna mezquindad.

Una de sus primeras entrevistas ahora que volvió a Lima se la concedió a Jaime Bayly. ¿Qué opinión tiene de él?
Bayly es un fenómeno lindante con lo maravilloso. Está tocado por alguna gracia misteriosa que lo hace encantador aún cuando haga cosas no tan encantadoras como entrevistar personajes de la marginalidad. Bayly es como Zelig, asume diferentes personalidades, se mimetiza con gran eficacia. El rebusca los cajones de la sociedad peruana, nos desnuda, nos muestra un Perú esperpéntico con personajes surgidos de la penuria. Bayly no tiene reparo en remangarse y operar ese cuerpo doliente que es el Perú. Con su carita de inocente y mosquita muerta él vivisecciona el Perú.

Laura Restrepo: «Las cárceles son un pésimo invento de la civilización»

Entrevista publicada el 26 de abril del 2013 en El Comercio.

Laura Restrepo escucha mi nombre y empieza a reír. Seguramente recuerda algunas de las rarezas con las ha bautizado a sus más recientes personajes y sigue con una reflexión sobre esa costumbre tan colombiana- y tan peruana, agrego yo- de ponerle nombres gringos a los niños. Lanza un chiste sobre la posibilidad de que un Papa colombiano se llame John Jairo I, y cuenta que su nombre es, no tan raro, pero bastante extenso: María Laura Carlota Ignacia. La autora que ganó en el 2004 el premio Alfaguara por “Delirio” ha llegado a Lima para presentar “Hot Sur”, su más reciente novela y, de entrada, todo nos lleva a la latinidad. En esta historia, una mujer colombiana llamada María Paz, personaje central del libro, es el motivo para reflexionar sobre temas como la caída del mito del “sueño americano” y la crudeza de la vida en las prisiones de los Estados Unidos. Antes de partir hacia Venezuela, donde continuará con la presentación de su novela, Laura Restrepo nos recibió en el hotel donde se hospeda para darnos una visión ya más personal de algunos de estos puntos.

Supe que la publicación de este libro se retrasó porque usted sufrió un accidente
El año pasado, como en octubre, iba a salir el libro. Ya estaba editado y listo, pero llegué de Berlín a mi casa después de un par de meses de viaje y salieron mis perros a saludarme. Me hicieron caer de una escalera de piedra y mi pierna tronó. Me romí este hueso y este otro. Una operación, dos operaciones… y me pidieron quietud absoluta. Tuve que avisarle a mis editores, que ya tenían separados hoteles y pasajes, y ellos paralizaron todo hasta que yo pudiera volver a trabajar.

¿Cuánto tiempo estuvo trabajando en el libro?
Tres años.

¿Tres años solo de escritura o contando la investigación y la gestación de la historia?
Solo de escritura. Pensando y recogiendo, yendo de aquí para allá, ya le suma más tiempo. Es que yo soy bastante obsesiva a la hora de trabajar. Me levanto muy temprano y le doy hasta tarde. Así, en ese tren de trabajo, llevaba yo tres años.

¿Y cuál fue la génesis de esta historia?
Yo creo que es una historia muy latinoamericana y que todos los latinoamericanos, de alguna manera, hemos vivido. Pasa que, de pronto, te pica la mosca de que tienes que buscarte la vida en otro lado y que tienes que irte y te vas a como sea. Si no hay visa, pues sin visa; si no hay papeles, sin papeles; si no hay plata, sin plata. Y esa es la historia del libro: un grupo de latinoamericanos, desterrados, indocumentados, que se encuentran en Estados Unidos. Y es una novela de aventuras en la medida de que a ellos les suceden un montón de cosas, obstáculos inclusive espeluznantes. Pienso que hay una generación, que en la novela es encarnada por el personaje de Bolivia, que está convencida de que la felicidad está en el Norte y de que el llegar allá es tocar el cielo con las manos. Cuando las hijas de este personaje finalmente logran reunírsele allá, ellas se dan de narices y es el fin del sueño americano. Una va a parar a la cárcel con cargos bastante graves y tiene que salir; es decir, emprender el camino contrario de la madre: volver a su tierra.

María Paz, el personaje central de la historia, decía que de niña pensaba que los Estados Unidos tenían el sabor de los chocolates Milky Way y que olían como el Heno de Pravia. Como que todo le entró desde la niñez, como suele pasar con países como el Perú, por ejemplo. ¿Crees que es una influencia perjudicial la que tienen los Estados Unidos sobre nosotros? Porque en buena medida estamos como colonizados voluntariamente por la cultura “americana”.
Creo que ha habido una cosa que se ha extendido y que es este sueño global americano, que implica además una forma de economía, una forma de relacionarnos los unos con los otros. Vivimos ese modelo de una manera mucho más intensa de la que nosotros mismos calculamos. Mucho de lo que hacemos, nuestra concepción de la vida, de la muerte, de las relaciones humanas, de la relación con el trabajo, con los objetos que poseemos, hacen parte de todo ese montaje. Pero yo creo que ese montaje se está viniendo abajo. El presupuesto era que esa forma de vida nos iba a llevar a vivir en democracia, a una cierta forma de igualdad, de garantía, de techo, de educación, de salud, de felicidad por llamarlo así. Pero parece que cada vez está más claro de que eso no se da y que esa sociedad montada en el afán de lucro está llevando a la destrucción del planeta. Ese es un hecho muy evidente y tiene los años contados.

¿Usted alguna vez tuvo ese “sueño americano” tan común en nosotros los latinoamericanos?
Es que yo en muchos sentidos sigo encontrando muy admirable a los Estados Unidos. Me encantan lugares como Nueva York. Me encanta ir a Nueva York, pero muchos allá se han dado cuenta de que ese tipo de sociedad ya no va. Una ciudad como Nueva York precisamente va encausada hacia otro lado. Uno siente allí otro tipo de inquietudes. Muchos de los grandes críticos de este sueño americano son escritores norteamericanos. Por ejemplo, Gore Vidal y Normal Mailer . Ellos dan el campanazo: por aquí no es, esto es un callejón sin salida. Entonces, no es que el Norte sea malo y el Sur sea bueno. Decir eso no es mi intención con este libro. Yo hablo de una necesidad de encontrarnos como pueblo por encima de los pueblos que nos dividen.

¿Cree que se está gestando una literatura de migración? Porque, además de este libro, hay publicaciones como ‘Sam no es mi tío’ o “Norte”, que tienen esa misma temática y que son dos, entre varios ejemplos*
Yo creo que sí. Creo que lo característico y lo que unifica a los distintos narradores latinoamericanos es precisamente la diáspora. Hay una dispersión. Es como si hubiera un territorio común como el que unificó a los escritores del boom y que, de pronto, desaparece. No por nada se viven épocas de disolución de las naciones. Cada quien anda como disparado por su propio lado haciendo lo que quiere desde un espacio distinto y se produce una visión de América Latina muchas veces desde afuera. La exploración del mundo se vuelve el gran tema. Peruanos en Berlín, Colombianos en Australia. La diáspora es la señal de los tiempos. Yo creo que la migración es como que el único gran tema que abarca más o menos todo.

Cleve, otro de los personajes de “Hot Sur”, explica, al referirse a las cárceles, que le parece injusto que una parte de la población tenga que estar encerrada para que otra parte pueda dormir tranquila. Personalmente, he tenido esa discusión de si, como derecho fundamental que es la libertad, se debería poder privar a una persona de ella. ¿Qué cree usted?
A mí me parece un pésimo invento de la civilización eso de tener que encerrar a la gente. Además en lugares donde no solo no se reforman ni aprenden nada bueno, sino que al contrario son como vidas tiradas al basurero para que se pudran, porque eso de estar allí no va para ningún lado. Además, fíjate, el hecho espeluznante de que las cárceles se han vuelto un gran negocio privado. Así como se privatiza el agua o las semillas, en las cárceles pasa lo mismo. Se necesita que las cárceles estén llenas para que la gente que maneja ese negocio pueda tener ganancias. En estas investigaciones que yo hice para la novela me encontré con revistas satinadas muy bonitas, al estilo “Good Housekeeping”, donde te venden materiales y objetos para cárceles: uniformes para presos, el catering, elementos de seguridad, cadenas, escusados para celdas… Allí te das cuenta de lo que es ese gran y millonario negocio de las cárceles. Eso hace todavía más aborrecible la idea de encerrar a la gente, aunque ya la sola idea de castigar y de encerrar me parece totalmente absurda. En Colombia hay una cosa interesante con la Constitución del 91 que es que a las comunidades indígenas les concedieron el derecho de aplicar su propia legislación. No tienen que someterse a la legislación de la Nación y n muchas de esas comunidades el concepto de cárcel y de encierro no existe. Por ejemplo, a un muchacho que ha herido alguien, lo juzgan, lo condenan y lo ponen a trabajar cuatro años para esa familia. Eso tiene un sentido humano más profundo que eso de hacinar gente en esos pudrideros que son las cárceles y que, además, en los Estados Unidos tienen (encerrados) en su mayoría a latinos y negros. Y esa población carcelaria, además, es altísima. Proporcionalmente es la más elevada y por mucho.

La mayor parte de la novela trascurre en la cárcel y usted es muy descriptiva al momento de narrar. Da la sensación de que relata una experiencia propia. ¿Cómo fue su investigación para conseguir eso?
No partí de una investigación para hacer mi novela, sino que empecé a montar mi ficción y, en la medida que la ficción lo iba pidiendo, yo iba investigando. Cuando María Paz va a parar a la cárcel, yo me preguntaba, ¿y cómo es esto?, ¿a qué huele acá adentro?, ¿qué se siente? Bueno, yo tengo amigos que estuvieron presos y era fácil preguntarles…

Le dedica el libro a uno de ellos. A Javier
Sí, es un hombre al que yo no conozco personalmente. Él está condenado a 30 años de prisión en los Estados unidos y hemos mantenido una correspondencia de muchos años. Tengo dos cajas con sus cartas manuscritas. Es un hombre muy inteligente, que me daba mucho el tono, el sabor, los olores, la sensación del encierro. Una sensación que para uno es difícil de imaginar. Uno puede tal vez pensar, pero se necesita que de adentro te cuenten cómo es amanecer encerrado en un espacio tan reducido. Una idea que, de alguna manera, es semejante a la de la tumba. Estar enterrado en vida. Esas cosas se las iba preguntando, aparte de leer porque hay mucha documentación carcelaria. Había muchas historias y allí estaba también ese dato del terror de las presas a la sangre ajena, que a mí me pareció espeluznante. Que les tengas terror a las guardianas, a las rejas, a los castigos, pero que la sangre de tu compañera sea motivo de máxima alerta me parecía un ingrediente bastante tétrico de lo que podía ser la convivencia.

Y usted lo consigue porque hay mucha gente que tiene la idea de que en las cárceles como las de Estados Unidos la gente se la pasa, digamos, bien. Es decir, puedes pensar. Bueno, tienen techo y comida, pero resulta que no. Usted narra las prohibiciones que les hacen a las presas para hablar en español, de este mal que llaman “La causa” y que es una depresión extrema…
Hay un personaje en la historia, el de Mandra X, que se convierte en la líder de las presas latinas y que tiene claro eso que estás diciendo. Una de sus consignas es no bañarse, aferrarse a la mugre, pintar las paredes haciendo graffitis con mierda. Reivindica su mugre como lo único propio. También están las escarificaciones, el dolor sobre el propio cuerpo, el dolor que implican los tatuajes..

María Paz hablar de la relación que se da entre un lector y un escritor. Y es una parte muy bonita de la novela. ¿Usted es tan consiente como este personaje de los lazos que se generan entre uno y otro?
Más que como escritora, yo me identifico como lectora. Por cada libro que escribo, me leo como cien. Entonces soy más lectora que escritora, pero siempre me ha llamado la atención la convivencia con un libro que te gusta. Es muy estrecha: llevas el libro contigo en el bus, incluso lo metes a tu cama. Le dedicas muchas horas del día y otras muchas más íntimas como las horas de la noche. La lectura es, en buena medida, una actitud solitaria, pero también nocturna. Aunque no estás solo, estás con ese autor que te está contando una historia, que se vuelve tu cómplice.

Usted hace varias referencias en el libro, la mayoría de ellas a autores clásicos como Capote , Dostoievski o Dante . ¿Es usted lectora de autores clásicos, de los que se consideran literatura vital, o también se abre a cosas nuevas?
En la novela yo quise hacer como una mezcla. Me gustaba pensar que este libro era uno de frontera y que lo era en muchos sentidos. Que daba la sensación de cruzar de aquí para allá y de allá para acá. Y eso también en términos de lo que se considera la literatura culta y la literatura inculta, que a mí esa me parece una barrera absolutamente arbitraria. Entonces están estas referencias que tú dices, pero también referencias a Juanes , a El Hombre Araña …

A Shakira, a Kate Moss …
Claro, y todos están al mismo nivel, porque yo creo que cultura es cultura. Desde luego, hay monumentos y otros que no lo son tanto; aunque en determinado momento pueden resultar para un gran sector de la población símbolos tan lúcidos y válidos “El hombre araña” como uno de los hermanos Karamazov. No es que yo no entienda las diferencias o que no quiera aceptar esa jerarquización, pero creo que la mentalidad de la gente es una mezcla de las dos cosas. En la cabeza de una persona todo eso baila y adquiere la misma jerarquía.

¿Ha leído “La civilización del espectáculo”, de Mario Vargas Llosa?
No, no lo he leído. Tengo que hacerlo.

Él es muy estricto con la definición de cultura y, hasta cierto punto, elitista. Personalmente, prefiero la visión que usted tiene de la cultura
Un pensador como Joseph Campbell , que a mí me encanta leer porque es un gran analista de los mitos y un tipo bien lúcido, agarra los mitos griegos pero también los contemporáneos. Entonces, por ejemplo, le dedica un análisis extraordinario a “La Guerra de las Galaxias”. Es que no es cierto que hubo culturas que tuvieron mitos y esta cultura actual es carente de ellos. Lo que pasa es que los mitos han cambiado y lo que nos parece desdeñable son los que hay en nuestra época. Es decir, Brad Pitt hará buenas o malas películas, pero es un símbolo de los tiempos y un punto de referencia para muchos. Eso es un hecho y eso lo vuelve muy interesante. Además, claro, de que él está bastante bonito también.

Alejandro y María Laura

Entrevista publicada en El Comercio el 11 de diciembre del 2013.

Alejandro Rivas y María Laura Bustamante tuvieron en sus primeras incursiones musicales proyectos muy disímiles a lo que actualmente hacen como el dueto Alejandro y María Laura. Él era el guitarrista de una banda de rock progresivo llamada Los Winkearbeats y ella uno de los tres elementos del grupo de arreglos vocales Ezquilache. Cuando la música parecía no ser el camino ideal para trazar eso que algunos llaman “carrera profesional”, ambos continuaron con otras de sus pasiones. Alejandro se inclinó por la producción audiovisual y María Laura por las artes escénicas. Allí, las circunstancias los llevarían de retorno a donde todo comenzó: el cine y la música, el teatro y la música. Empezaron a escribir canciones que encantaban a sus amigos de la universidad, luego a sus compañeros de trabajo en un viaje a Estados Unidos y, finalmente, a Matías Cella, el productor detrás del sonido de Kevin Johansen, por mencionar algunos.

Fue Mabela Martínez quien los puso en contacto con el argentino que, aunque se encontraba en una etapa de receso en la que solo quería dedicarse a su familia, quiso grabar al dueto que lo había impresionado y con el que, dos años después, se reencuentra en un nuevo disco.

¿Cómo fue el trabajo con Matías Cella para este segundo álbum? ¿Ha sido la misma dinámica del “Paracaídas” o algo más parecido a volver a ver a un viejo amigo?
Alejandro: Definitivamente, Matías se ha vuelto nuestro amigo. Al comienzo era una persona a la que admirábamos. María Laura, por ejemplo, es muy fan de la música de Kevin Johansen y Jorge Drexler y, cuando supimos que él produciría el disco y que había trabajado con ellos dos, sentimos una gran emoción pero también mucho miedo. Ya cuando lo conocimos descubrimos a la persona más sencilla del mundo. Nos quedamos a dormir en su casa y cuidamos a su hijita, que ahora tiene dos años y medio de edad.

María Laura: Cuando nos íbamos a Argentina yo le decía a Alejandro: “¡Qué miedo! ¿Qué hacemos si no nos gusta lo que hace Matías?, ¿cómo se lo decimos? ¿Qué pasa si él quiere llevar el disco por un lado que no nos gusta? Pero todas esas preguntas se fueron con la primera conversación que tuvimos. Nos dimos cuenta que compartíamos los mismos gustos musicales y eso para un trabajo en equipo resulta esencial. Más allá de la confianza que le tenemos a Matías como técnico experimentado, está la confianza que nos da el hecho de que nos gusta lo que a él le gusta, el hecho de que compartimos música y somos amigos. Además, ya en esta segunda experiencia compusimos las canciones pensando en lo que él podía aportar. Compusimos dejando espacios para Matías. Le mandábamos las bases pero ya con una idea de cómo podía ser la sonoridad posterior del disco.

Escuchaba “Nadie puede amar a un fantasma” y es un tema muy pop, muy de banda, diferente al sonido acústico de su primer disco. ¿Por allí va el sonido de este segundo trabajo?
María Laura: Creo que el disco es bien ecléctico. No te vas a encontrar con once canciones más iguales a esta. Hay temas que sí son más rockeros y tienen esa cosa en común de las guitarras eléctricas, del sonido de banda, pero también hay canciones más acústicas, más infantiles, más cercanas al folclor latinoamericano.

Alejandro: Creo que el sonido tiene que ver con que el disco se grabó en un ambiente de amigos y de banda. El dúo se llama Alejandro y María Laura, pero este es un trabajo colaborativo. Aunque, paradójicamente, al mismo tiempo sentimos que también es un disco más propio. Colaborativo porque estuvimos mucho tiempo tocando con nuestra banda en Lima y muchas canciones surgieron con ellos: con Matías Recharte, con José Pablo Menajovsky… Pero es más propio también porque fue concebido desde el concepto por nosotros, teniendo ya en cuenta las herramientas que nos daba el estudio y lo que podía aportar Matías Cella.

¿Cómo fue el trabajo previo a la grabación de este disco?
María Laura: La primera canción que escribimos fue “Folclorcito”, que es la más parecida al disco pasado.
Alejandro: Es la más mínima, la canción más sencilla pero también la que destapó esta nueva etapa. Yo venía muy frustrado de no poder componer. Es que me había puesto como tarea ser un chancón y encerrarme en mi casa a escribir de seis a una. No había sido así en “Paracaídas” y me entró como un pánico a no poder hacerlo. Nada de lo que escribía me gustaba. Un día, sin pensarlo mucho, salió esa canción.

María Laura: A mí me pasó que sentía que no iba a poder superar el primer disco y que, si me sentaba a escribir, iban a salir cosas muy parecidas. Entonces me distancié un poco y me puse a escuchar cosas diferentes a lo que había escuchado durante el primer disco. Durante la etapa en la que él estaba “chancón”, yo estaba sin componer, metida en un trabajo de ocho horas diarias que tampoco me permitía darme espacios para otras cosas. Luego entré a un taller llamado “Movimiento auténtico”, que consistía en moverse por un cuarto con los ojos vendados por unos cuarenta minutos para luego sentarte a escribir todo lo que habías sentido en ese momento. Entonces botabas cosas muy de adentro, cosas de las que ni eras consciente. De ese proceso salió después de un mes “Jaula”, la canción que en el disco cantamos con Susana Baca. Fue una canción salida de la entraña. Después la llevé al piano y salió rápido también. Una vez desbloqueados los dos tapones, comenzamos a escribir en conjunto.

Sus canciones toman mucho del sonido del folclor peruano: huainos, música criolla. ¿Creen que es una responsabilidad de los músicos investigar en los sonidos tradicionales del país?
Alejandro: Tampoco hay que caer en el cliché de: “Eres peruano, agarra una quena y una zampoña”. Creo que no es tan sencillo. Creo que la solución no es que todos nos volvamos bandas folclóricas, no es eso. Por lo mismo este disco no es un disco folclórico, sino un disco que tiene una deuda con el folclor. Sentir de dónde vienes o por lo menos interesarte en ello sí es una responsabilidad pero no con tu sociedad, sino contigo mismo porque vas a entenderte mejor.

Antes de Alejandro y María Laura, tras el final de sus otros grupos, ¿pensaron en descartar definitivamente la posibilidad de dedicarse a la música?
María Laura: Yo un poco. Me aburrí de cantar por trabajo. Con Ezquilache, que era un grupo de arreglos vocales que tenía con Karin Zielinski y Yoly García, nos salían trabajos para cantar en clubes y restaurantes. A veces lo disfrutaba, cuando había gente que iba a escucharnos, pero cuando había gente que iba a tomar y yo seguía cantando la misma canción que había cantado tres veces en la semana, le perdí el sentido. No me gustaba. Lo que me gustaba era encerrarme con estas chicas a componer y arreglar canciones. Me gustaba el proceso de creación. No me gustaba cantar lo mismo y repetir y repetir. Le perdí el gusto. Me dije:” No quiero hacer esto más”. En ese momento estudiaba teatro y comencé a escribir cosas de dramaturgia con Alonso Alegría. Cuando conocí a Alejandro mi mente estaba más en el teatro que en la música, pero comenzaron a salir cosas musicales y me di cuenta que ambas no estaban tan separadas. Ahora en el concierto que daremos en el Mario Vargas Llosa, por ejemplo, estamos usando cosas teatrales. Y, cuando componemos, contamos historias, creamos personajes.

Alejandro: “Estrellas de Hollywood”, que es la canción de este disco que cantamos con Kevin Johanssen, tiene un sample de “Sunset Boulevard” de Billy Wilder y de “Tiempos modernos” de Chaplin. Por ese lado intentamos ver la música como algo que no es solo música. Por eso nos interesan mucho los videoclips y tenemos en ese la suerte de trabajar en alguien como Brian Jacobs. Mi pasión antes era el cine pero la música le fue ganando al cine. Comencé a hacer más plata con la música que con el cine también. Pero eso no significa que más adelante podamos hacer otras cosas. Ahora estamos investigando y viendo qué pasa.

¿Les da miedo que Alejandro y María Laura se convierta en algo demasiado grande y empiece a hacerse repetitivo?
Alejandro: Yo espero que nunca se haga tan grande. Si estuviera en mi control me gustaría que nunca se haga enorme. Me gustaría vivir de lo que hago, dedicarme a eso. Pero no que se vuelva grande… a veces uno es grande por razones equivocadas. Me interesa más que la gente nos conozca más por nuestra música que por cosas sonsas como, por ejemplo, el hecho de si somos o no pareja. Esa es una cosa secundaria. Ese término ser grande puede ser un poco peligroso. Mejor mantenerlo pequeño controlado y estable a que explotes y salgas por razones equivocadas.

Ustedes son uno de los varios grupos peruanos que están tomando presencia fuera del país…
Alejandro: Creo que es bacán porque le estamos enseñando un poco al mercado de acá que afuera nos dan bola. O sea, nos escuchan afuera y las radios de acá se están enterando de eso y me parece bien que se enteren.

Chabuca Granda y «La flor de la canela»

Texto publicado el 8 de marzo del 2013 en El Comercio.

Te conté cosas. Las cosas que a mí me han llamado la atención. El amor se lo dejé a los poetas. A veces el amor de los letristas es mal consejero y yo soy letrista. Tengo imágenes poéticas, pero soy letrista… buena letrista si tú quieres. Me fijo mucho en no usar un adjetivo calificativo si no es el exacto. Por ejemplo, hay un momento en que digo al referirme a una rosa: “Rastrillada en el aire, peligrosa”. Entonces sí lo pongo. Luego trato de hablar en primera persona cuando es un gallo de riña o un joven muerto; y cuando te cuento de algo mío hablo en tercera persona. A mí no me hice sino tres canciones. Una “A mi pobre voz”, otra “A ese arar en el mar” y la otra a quién sabe qué. No fui nunca sujeto, pero tengo buenos sujetos.
Chabuca Granda
(Apurímac, 1920- Miami, 1983)

A Chabuca Granda le gustaba componer de noche, pero “La flor de la canela” brotó con la luz del día. Era el año 1950 y la inspiración llegó con la madrugada y en forma de petición. María Isabel Granda y Larco –Isabela para algunos, Chabela para otros, Chabuca para el mundo- interrumpía la jarana de cumpleaños que se había armado en la casa del cantante José Moreno para contarle lo agobiada que estaba por una canción que no podía terminar. Se acercó al balcón que daba hacia la Plaza Dos de Mayo y le dijo: “Déjame que te cuente, limeño”. Se quedó perpleja por unos segundos y luego dirigió la mirada hacia Óscar Avilés, el “guitarrista que evitó que la música criolla muriera de tundete”, para acabar con un extenuante silencio: “Esta era la frase que faltaba para terminar la canción”.

DOS ACTOS ANTES DE UN GRAN FINAL
Un año atrás, Chabuca Granda había descubierto sin querer su camino hacia la gloria. ”Yo canto como un perro, o como un gato si quieres. Las canciones de otros con esta voz de San Bernardo no me atrevo a cantarlas, pero las mías por qué no. Y como soy una bisagra con swing, me lancé”. Así, entre azuzada por amigos y por una elocuencia que siempre la hizo distinguirse, escribió “Lima de veras”, su primera canción. Esta fue presentada a un concurso organizado por el club de Leones de Lima y ganó. Sucedió lo mismo con “Callecita encendida”, la segunda canción que escribió; y con “Zaguán”, la tercera; y “Tun Tun”, la cuarta. Cuando fue a recibir el premio por esta última, presenció un discurso que allí mismo daba el historiador Raúl Porras Barrenechea. Una de las frases que este pronunció sería el germen de la trilogía más recordada del vals criollo: la de “el puente, el río y la alameda”. La semilla de la flor había sido sembrada. Solo faltaba ponerle un poquito de canela.

“Lo que dijo nuestro historiador, con esa humildad de grande que tenía, se unió a algo hermoso y carísimo para mí, como fue la visita de doña Victoria Angulo, señora limeña de raza negra cuya prestancia y solera ameritaba que Lima se alfombrase toda para que ella volviera a pasar”.

Chabuca Granda, que se había divorciado del piloto brasileño Enrique Fuller, trabajaba en la Botica Francesa como asesora de belleza de las clientas de la línea Helena Rubinstein. Cuando recibió un nuevo premio por su más reciente composición, un grupo de amigas acudió al lugar a saludarla. Sorprendida quedó Granda al ver que también llegaba a repetir el noble gesto doña Victoria Angulo Loyola, la mujer que acudía con frecuencia a su casa en “los Barrancos”, como solía decir Chabuca, para lavar la ropa de todo el vecindario.

“Al despedirse de mí, me dijo: “Hoy me voy a pie, hija”. Y yo que sabía que ella vivía bajo el puente del Rímac, recordé aquello que dijo Porras Barrenechea de la piedad para el puente, el río y la alameda”. La imaginación de Chabuca empezó a andar: la flor de la canela “caminaba airosa” hacia su hogar. Sus mejillas ruborizadas se convertían en “rosas en la cara” y el cabello cano en “jazmines en el pelo”. Ya solo faltaba el gran final, o para ceñirnos mejor a las estrofas, el gran inicio.

UN VIAJE ETERNO POR EL MUNDO
“Chabuca nos había hablado de un tema que había compuesto y al que le faltaba la última parte. El día de la fiesta de José Moreno, yo estaba en otro mundo, cuando ella celebró su hallazgo tras abrir el balcón de par en par. ¿Recuerdas esa línea de “Déjame que te diga, Moreno”? Podrías pensar que se trata de un guapeo limeño al cantar, pero no. Se refiere a José Moreno, el dueño de la casa”, contó Óscar Avilés al programa “Hombres de este siglo” al recordar lo ocurrido.

El nacimiento de la canción fue registrado con la fecha 7 de enero de 1950 por Chabuca Granda, tiempo en el que se grabaría una primera versión con el grupo Los Morochucos. Sería recién en 1953 que la canción ganaría popularidad con la grabación del trío Los Chamas y viajaría por el mundo después junto con el paso de Chabuca por países como Argentina, México y España. En este último país “La flor de la canela” sería adoptada por María Dolores Pradera. La versión de la cantante, considerada como una de las grandes de la música latinoamericana en España, sería la primera parada de un viaje sin retorno de una canción que ha sido abrazada por el mundo.

Dicen que la canela es el talismán de los gitanos en España y Chabuca Granda puede dar fe de ello. Cuando el periodista Joaquín Soler Serrano le preguntó por el significado de este tema en su vida, ella lo dejó claro: “A ella le debo todo”.

César Hildebrandt: »Si me alimentara de la televisión estaría anoréxico»

(Entrevista publicada el 11 de enero del 2011 en el portal Terra Perú)

César Hildebrandt lleva poco más de un año alejado de las pantallas de televisión. Tras despedirse de la señal de RBC en setiembre del 2009, contadas han sido sus apariciones públicas; sin embargo, los rumores de un regreso siempre se dejan escuchar y esta semana no fue la excepción. Así, con los rumores de un una negociación con Panamericana Televisión, nos comunicamos con el periodista y esto fue lo que nos dijo:

Se dice que Panamericana Televisión está negociando con usted la conducción de un programa dominical. ¿Es esto cierto?
Yo no estoy negociando nada con Canal 5, Canal 5 pretende negociar conmigo.No es que yo me las dé de estrella inalcanzable; simplemente yo no estoy negociando. Me están llamando, pero yo estoy aplazando cualquier conversación.

¿Hay más interés de parte de Panamericana Televisión que de su parte?
Sí, así es.

¿Qué tipo de acercamiento ha tenido con Panamericana Televisión? ¿Han conversado?
Ninguna conversación con Canal 5, lo que tengo son llamadas de Canal 5 que no contesto.

¿Llamadas de Federico Anchorena, gerente general de Panamericana?
Llamadas del señor Anchorena, del señor Merino, su asistente. Lo puede poner porque es verdad.

¿Algún otro canal de televisión ha contactado con usted?
Ningún otro canal está interesado en mí y es recíproco. Yo estoy muy contento con mi semanario, nos va bien, sobrevivimos sin publicidad.

Ante la cercanía de las elecciones, nuevos programas periodísticos están siendo anunciados. Pronto saldrá al aire un dominical con Mónica Delta y Aldo Mariátegui. ¿Qué opinión tiene al respecto?
No tengo ninguna opinión porque no veo a la señora Delta ni al señor Mariátegui; por lo tanto no puedo ni quiero opinar.

¿Qué opina de la ausencia de Jaime Bayly en la televisión peruana?
En cuanto al señor Bayly, evidentemente, es una ausencia notable. A pesar de sus locuras, desmanes, atropellos, es una ausencia. Se le extraña.

En algún momento se habló de la posibilidad de que Jaime Bayly regrese por Panamericana. ¿Tendrán el mismo interés por él que por usted?
Quizá más interés tratándose de alguien con el éxito del señor Bayly, éxito que yo no he alcanzado desde luego.

Volviendo a los programas políticos. ¿Qué opinión le merecen Rosa María Palacios y Cayetana Aljovín?
No estoy esquivando su pregunta, pero yo no veo televisión. Me informo por los periódicos y algunos comentarios de prensa escrita en torno a la televisión. Si me alimentara de la televisión estaría peligrosamente anoréxico.

Para terminar, ¿tiene usted alguna cuenta de Twitter o piensa abrir una?
No tengo ninguna cuenta de Twitter. No me interesa ese mundillo de graznidos de 140 caracteres, esa especie de diálogo Morse de gente que dice poco porque no tiene más que decir. No tengo el menor interés.

¿Es la UTP una «universidad de medio pelo»?

En el marco de la discusión de la Ley Universitaria, Rosa María Palacios entrevistó en Radio Exitosa a Enrique Bedoya Sánchez, rector de la UTP y también primer vicepresidente de la Asamblea Nacional de Rectores. Aquí el audio y algunas frases de interés:

12:03- 12:43: ¿Es la UTP una universidad de «medio pelo»?

«No sé por qué pueden calificar a la UTP como una «universidad de medio pelo». No sé qué piensa usted. Siempre seguimos hablando de lo mismo: universidades de mala calidad, de medio pelo… sería  bueno que se diga cuáles son, sería lo mejor para mejorar».

12:45- 14:33 ¿Cuántos egresados de la UTP consiguen empleo?

Nosotros tenemos un indicador muy alto. Tres personas diariamente son ubicadas (…) En seis meses un promedio del 40% consigue empleo (…) Nosotros no podemos ocupar todo el mercado. Nosotros somos una Universidad que tiene recién 17 años de funcionamiento y mire cómo hemos crecido (…) Ahora es más el porcentaje, depende también de las especialidades. El 40% es solo un promedio. Hay facultades que botan más del 60%. Nosotros tenemos más capacidad porque tenemos también las ingenierías».

Mario Amoretti: reelección en el Colegio de Abogados y opinión de la Corte Suprema

Mario Amoretti fue reelegido como decano del Colegio de Abogados de Lima (CAL) por cerca de 14 mil votos. Estuvo en el programa de Rosa María Palacios en Radio Exitosa. Aquí el audio y algunas citas de interés:

Sobre la Ley Universitaria y la calidad de las facultades de derecho: (7:11-9:30)

«Es lamentable. Lo veo yo todos los días en el ejercicio que realizo en mi condición de profesor universitario. Veo la dificultad que existe en las universidades de reconocido prestigio de tener un personal docente con cierta solvencia. A veces, cuando me han invitado en dictar conferencias en determinados lugares, veo que no tienen el personal docente que pueda llevar adelante la formación de un abogado».

Sobre la labor del CAL para mejorar el Poder Judicial: (9:44- 10:50)

«(¿Qué puede hacer el CAL para mejorar el PJ») En principio reducir la provisionalidad de los jueces. Eso es lamentable. Mi tesis para obtener el grado de magister fue precisamente sobre la provisionalidad (…) (De la Corte Suprema la mitad no son titulares. 18 lo son y otros 18 o más que no) Hay una sobrecarga procesal increíble».

Sobre las sentencias, los procedimientos judiciales y la unificación de la Policía. (12:07- 13:31)

(La gente cree que el sistema está hecho para liberar delincuentes) Sucede que normalmente por lo menos acá en Lima se elaboran  estados policiales. La policía concluye que se cometió un delito y tal persona es responsable. Pero esto pasa a la Fiscalía y luego al juez pero no hay pruebas. Si no hay expediente con probanza… no hay forma. Sobre todo porque se unificó a la Policía y ese ha sido el peor error».

Un blog sobre nada en particular.